El antídoto a la agresividad


El antídoto a la agresividad

Cuando tenemos una actitud agresiva, incluso de manera silenciosa, siendo muy críticos o quedándonos atrapados en la queja, la paciencia permite encontrar una salida más sana para esa energía que esta encerrada en nosotros y busca salir. De hecho, es tan obvio este antídoto que puede ser el primer consejo que hayamos dado alguna vez a los demás, pero lo que también fácilmente olvidamos cuando nosotros lo necesitamos.

La paciencia es el camino opuesto a la agresividad. Lo agresivo es impulsivo, escapa toda reflexión y puede que contradiga nuestra voluntad, ya que muchas veces podemos reconocer que eso que hicimos o dijimos, no lo hubiéramos hecho, o no de esa manera. La paciencia, por su lado, nos permite lo contrario: detenernos, reflexionar y discernir lo que realmente queremos ofrecer. Estoy seguro que el miedo que impulsa la agresividad no sobrevive a ese espacio de aire que abrimos entre un pensamiento de enojo y otro. Abre una brecha. Nos pone en perspectiva. Nos ordena.

Practicarlo no requiere un gran entrenamiento. Solo la voluntad de parar. Detenernos justo en ese momento en que sentimos que la efervescencia emocional esta subiendo. Detenernos de verdad. Dejar el cuerpo quieto. Quedarnos quietos y respirar profundo. Respirar varias veces, profundo. Hacer silencio. Es decir, callarnos la boca, hasta que esa masa tóxica que iba a salir en palabras, en una actitud agresiva o una acción maliciosa, pierde fuerzas y podemos volver a elegir.

En nuestros días, la inteligencia involucra un nivel de consciencia que no termina en nuestro intelecto, sino que incluye al alma. Podemos tener un grado intelectual elevado, pero eso no nos aleja de la agresividad. Alcanza con escuchar las voces que más resuenan en algunos medios de comunicación. Debemos escalar a una inteligencia que integre nuestro mundo interno para que cuando necesitemos de la paciencia, podamos elegirla.

Paciencia, paciencia. Esa que todos tenemos por diseño, que nos habita por ser humanos, que no debemos aprender sino, con inteligencia, comenzar a usar cuando la necesitamos. No sólo para el beneficio del mundo, de los seres que amamos, sino de nosotros mismos, porque somos los primeros perjudicados en todo acto agresivo.

 

FUENTE: ANTÍDOTO A LA AGRESIVIDAD

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