Convivir con fumadores


Convivir con fumadores
Científicos de la Universidad de Aberdeen, en Escocia (Reino Unido), aseguran que vivir con fumadores es como hacerlo en una casa libre de humo en ciudades muy contaminadas como Pekín o Londres, ya que el nivel de exposición a partículas nocivas es tres veces superior al que podría considerarse seguro.

Según los autores de dicho trabajo, que publica en su último número la revista “a British Medical Journal” (BMJ), este hallazgo refuerza la evidencia de los beneficios para la salud de contar con una casa libre de humo, especialmente para las personas no fumadores.

Estudios previos llevan tiempo alertando de los riesgos del tabaquismo para la salud de las personas que no fuman, ya que está vinculado a una amplia gama de eventos adversos como un mayor riesgo de enfermedades respiratorias y del corazón.

Una situación que ha llevado a muchos gobiernos ha tomar medidas para limitar la exposición de sus ciudadanos al llamado humo de segunda mano en determinados espacios, principalmente en el ámbito laboral o en lugares de ocio.

Las partículas en suspensión de menos de 2,5 micras (PM2,5), tales como el polvo fino o el hollín en suspensión, han sido ampliamente utilizadas como un marcador de la exposición al humo de segunda mano, y los datos de muchos bares y restaurantes mostraban concentraciones de PM2,5 superiores a los niveles que la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos describe como “poco saludable” para grupos sensibles.

Entre las principales amenazas del aire libre de estas partículas están los tubos de escape de los vehículos y las emisiones industriales, y cada vez se sabe más sobre el impacto que también puede tener en ambientes interiores.

Para avanzar en esta investigación, los científicos escoceses se propusieron medir las concentraciones de estas partículas PM2,5 en casas de fumadores y no fumadores, para estimar las cantidades inhaladas por los diferentes grupos de edad.

Los investigadores estudiaron los datos de cuatro estudios realizados entre 2009 y 2013, en los que se hicieron mediciones en tiempo real del PM2,5 en los hogares y los compararon con los datos sobre las tasas de respiración estándares y los patrones de
tiempo de actividad.

En los cuatro estudios se excluyeron los hogares que eran propensos a tener una fuente adicional de PM2,5, tal como el carbón o los incendios de combustible sólido.

En total, los cuatro estudios vinculados ofrecieron datos de calidad del aire de 93 hogares fumadores que pudieron ser comparados con otros 17 hogares de no fumadores. La mayor parte del muestreo se realizó durante un período de 24 horas, con la excepción de un estudio de datos que se llevó a cabo en un período de 6-7 días.

Diez veces mas partículas que en casas de no fumadores.

Los resultados mostraron que las concentraciones promedio de PM2,5 de las 93 casas de fumadores eran casi 10 veces superiores a las encontradas en los 17 hogares de no fumadores.

Y entre los no fumadores que vivían con fumadores, se vieron unos niveles medios de exposición PM2,5 más de tres veces superiores a lo establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) –10 microgramos/metro cúbico– lo que hizo que muchos inhalan cantidades similares a las que se exponen los no fumadores que viven o trabajaban en ciudades como Pekín o Londres, con altos niveles de contaminación atmosférica.

Algunos hogares estudiados tenían unas tasas particularmente altas de tabaquismo, ya que alrededor de una cuarta parte presentaban concentraciones medias de 111 microgramos/metro cúbico al día, once veces más de lo que recomienda la OMS.

Los investigadores también calcularon que la masa total de PM2,5 inhalado durante un período de 80 años en que una persona vive en un hogar libre de humo típico fue de 0,76 gramos, en comparación con los 5,82 gramos de una persona que vive en un hogar fumador.

“Estos hallazgos apoyan la necesidad de tratar de reducir el tabaquismo pasivo  en el hogar, sobre todo mediante la aplicación de normas que impidan fumar en el interior de los domicilios”, ha reconocido Sean Semple, autor del estudio.

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